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Apuesta sostenible

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No sé usted, lector; pero yo no tengo nada claro que los 29 millones de euros que la Xunta -en el marco del Fondo Europeo Marítimo y de Pesca- pretende distribuir se repartan adecuadamente en el fomento de la pesca y la acuicultura sostenibles.

Y es que, como decía mi abuela Asunción -que de esto sabía un rato largo- "el gato escaldado del agua fría huye".

Veintinueve millones de euros son muchos millones de Dios. Ni siquiera me atrevo a pensar en qué podría hacer servidor con tal cantidad de euros (y mucho menos si traduzco a pesetas semejante barbaridad). Pero nada ha dicho en Marín la conselleira do Mar, doña Rosa Quintana, de cómo se va a efectuar el reparto para que este sea igual de sostenible en la pesca y en la acuicultura.

Mucho me temo que, dada la inclinación del Ejecutivo saliente -que lo es entrante, también por la gracia de los votos de los gallegos- hacia la acuicultura, la pesca de verdad salga perdiendo (como casi siempre) en el mencionado reparto. Y si se prima a la acuicultura, tengan por seguro que no será a la miticultura o cultivo del mejillón. Por tanto, salvo error u omisión, la pesca saldría perdiendo en un doble sentido: Menos millones de euros para lograr esa sostenibilidad deseada y, de no demostrarse lo contrario, menos sostenibilidad porque la acuicultura no es en absoluto un sistema que no afecte en alguna medida a la calidad de las aguas marinas en las que los peces son salvajes y el marisco no le cuento.

Y lo saben.

Fue el propio presidente de la Xunta, señor Núñez Feijóo, el que dejó entrever -antes de las elecciones autonómicas del 25 de septiembre- que su gobierno retomaría el tema de la acuicultura una vez superada la prueba del algodón electoral. Es decir: no ha olvidado Núñez Feijóo que tiene pendiente de aprobación definitiva una Ley de Acuicultura que sacó a exposición pública y que, de entrada, contaba con el rechazo mayoritario del sector pesquero y marisquero.

He ahí el temor, creo que justificado. Porque acuicultura y pesca no es que no mariden adecuadamente, es que colisionan frontalmente.

Y también lo saben. Vaya si lo saben.

Todo o casi todo lo que se invierta en acuicultura, es casi seguro se va a detraer de la pesca. Y esta está tan necesitada de que alguien le eche una mano en Galicia que, de no hacerlo la Comunidad Autónoma, difícilmente lo van a hacer las empresas acuícolas, que bastante tienen con intentar sobrevivir. Pero que no comparen ni hablen por igual de una apuesta por la sostenibilidad de la pesca y la de la acuicultura por más que 29 millones de euros sean muchos millones de Dios y su corte celestial.

Sé que aquellos que con sus barcos salen a pescar cuando el tiempo lo permite son tan empresarios privados como los que, en tierra o en la mar, trabajan para que la acuicultura dispute a la pesca un lugar al sol. Sin embargo, y por simple egoísmo, díganme cuántos puestos de trabajo pone en la balanza la acuicultura y cuántos el sector pesquero. O cuántos aporta el marisqueo.

Pues tanto el marisqueo como la pesca corren el peligro de ver cómo se potencia la acuicultura sin que nadie diga qué va a ocurrir en caso de que esta, la acuicultura -extensiva e intensiva- se potencie en la medida que los empresarios de este sector quieren con el beneplácito de aquellos que, en sus comidas oficiales -y supongo que en las privadas- rechazan la lubina de piscifactoría si tienen la oportunidad de degustar una salvaje, salvaje.

Porque políticos, serán; pero tontiños, no, oigan.

Fuente:La Opinión Coruña -Antonio Luaces

06/10/2016 07:58 agrupocarril #. ARTICULOS

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